Inteligencia Emocional


INTELIGENCIA EMOCIONAL

A estas alturas, mucho se ha escrito sobre el tema en cuestión, por lo que para ser honesto, no vengo a traer algo nuevo sino más bien un resumen en palabras sencillas que sean de nuestro entendimiento del tema Inteligencia Emocional.

Atreviéndome a definirla, puedo decir que es “la capacidad para conocer nuestros sentimientos, también para descifrar y responder de forma correcta a los estados de ánimo, motivaciones y deseos de las personas que están en nuestro entorno.” ¡No es ahogar las emociones, sino encauzarlas!


Imaginemos un rio, muy cargado de agua y que, de no tener un camino trazado, con tanta fuerza puede, en lugar de hacer el bien, destruir todo a su paso, pues bien eso sucede con las emociones cuando no son bien manejada, probablemente has escuchado la frase “maneja tus emociones o ellas te manejaran a ti”.

Si alguna vez te has planteado las siguientes interrogantes, y si no, pues es un buen momento para cuestionar, no eres el/la único/a;

¿Por qué les va tan bien en la vida a algunas  personas menos inteligentes mientras que a otras más inteligentes no les va igual?

¿Por qué personas, con alto cociente intelectual y que son excelente en su trabajo, lamentablemente, no pueden aplicar esta inteligencia en su vida privada, que va a la deriva, de la amargura a la frustración?

¿Por qué algunas, tienen más desarrollada la habilidad para relacionarse bien con otras, aunque no sean las más inteligentes y que además son más capaces que otras de enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades de la vida de manera diferente?

La respuesta a éstas y otras interrogantes es la inteligencia emocional.

Como consecuencia de esto, Las organizaciones ya han entendido que el éxito profesional depende menos de los conocimientos técnicos y de las capacidades intelectuales y más de las capacidades emocionales. En otras palabras, la medida de la verdadera inteligencia, no está en el cociente intelectual sino en el emocional.

Llegado a este punto, y sin ánimo de ofender pero siendo realista, me atrevo a decir que actualmente padecemos de un notable grado de “torpeza emocional”.

(Para muchos, esta estrechez emocional es causante del alarmante incremento de la depresión y de las secuelas que deja tras de sí la inquietante oleada de violencia).

Claro está, es bueno señalar que la inteligencia racional de ninguna manera es contradictoria con la inteligencia emocional; al contrario, son sinérgicas: las personas  que tienen las dos son trabajadores excelentes. Y cuanto más complejo es un trabajo, más necesita la inteligencia emocional.

No obstante, Daniel GOLEMAN, divide cada una de las cinco habilidades prácticas de la inteligencia emocional (Autoconciencia, autocontrol, motivación, empatía y habilidades sociales)  en diferentes competencias (Puede ser que te encuentres con algunas de estas competencias en el perfil de una vacante).

Para él y su equipo, las tres primeras habilidades forman parte de la inteligencia intrapersonal; las dos últimas, de la inteligencia interpersonal.




Las que pertenecen a la inteligencia interpersonal han venido siendo objeto de formación de directivos desde hace años. Por el contrario, las competencias de la inteligencia intrapersonal, como la conciencia de uno mismo, la autorregulación y la automotivación, se desarrollan mediante un intenso trabajo personal, realizado, habitualmente, con ayuda de un coach mentor o entrenador mental. El proceso suele seguir estos pasos:

  1. Descubrir nuestros valores.
  2. Analizar las creencias que nos hemos formado alrededor de esos valores.


Los valores son pensamientos que tenemos sobre las cosas. Y, a partir de ellos, definimos creencias.

Estas creencias pueden ser limitadoras o potenciadoras, tanto para juzgar a los demás como para validar o justificar la forma en que nos comportamos. En este sentido, asevera GOLEMAN que los cuestionarios de personalidad tradicionales muestran sólo una parte del individuo: definen un estilo personal, en función del comportamiento; pero no profundizan en el origen de éste; es decir, en los valores y creencias que son el germen de la forma en que cada uno percibimos la realidad y el parámetro vital que definirá su comportamiento.

Los valores tienen su origen en la educación recibida en la infancia, y pueden ser genéticos o también ser la expresión de la esencia de nuestro ser. De todas formas, sea cual sea su origen, lo que importa es tomar conciencia de cuáles son y analizar las creencias que hemos desarrollado a partir de ellos.

La esencia de todo esto es conocerse a sí mismo, algo que hemos venido escuchando desde tiempos ancestrales pero con diferentes palabras.


Quien no conoce sus emociones es considerado un analfabeto emocional.



Finalizando esta entrada, quiero dejar en sus manos algunas de las ventajas que trae consigo el desarrollo de la Inteligencia Emocional tanto a nivel personal como profesional;


ü  La comunicación mejora.
ü  El trabajador se siente más persona.
ü  Aumenta la motivación.
ü  Las relaciones personales mejoran.
ü  Las personas se implican más en su trabajo y son más responsables y autónomas.
ü  Se mejora el clima laboral.
ü  Nuestro liderazgo se ve reforzado.
ü  Aumenta la eficacia y eficiencia de las personas y de los equipos.


Si bien la predisposición a una perspectiva optimista o negativa puede ser innata, con esfuerzo y práctica, en opinión de GOLEMAN, los pesimistas pueden aprender a «pensar en positivo».



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